Una exposición de historias vividas habla del triunfo de la esperanzaUn programa articulado con números artísticos de gran delicadeza y calidad que han develado la dimensión mística y melancólica del alma japonesa. Las dos bombas atómicas lanzadas en Japón hace sesenta y cinco años son dos heridas escondidas, pero aún presentes y hoy también han ofrecido un fondo significativo.
Lo confirma Machida con su testimonio. Viene de Nagasaki y cuenta cómo aquella tragedia es difícil de borrar. Por esto, las escuelas de su ciudad, desde hace unos años, recogen firmas contra la proliferación de las armas nucleares, firmas que luego entregan a las Naciones Unidas. El proyecto, en el cual él y su esposa están comprometidos en primera persona, se ha desarrollado con un slogan exitoso: un lápiz en lugar de un misil. Los lápices recolectados se les regalan después a los niños de Manila. Además de ayudas económicas y adopciones a distancia, que permiten a los niños filipinos continuar los estudios, ha surgido una amistad entre muchachos filipinos y japoneses, con intercambio de grupos: una contribución a la paz entre los pueblos y a la esperanza en las generaciones futuras.
También Miyako, al final de la historia de su familia, habla de la herida de Nagasaki y con su bellísima voz entona: “Campanas de Nagasaki”, un canto que recuerda lo que bajó del cielo en aquel día de agosto del ’45, pero que se abre también a la esperanza de un mundo sin guerra.
Con su esposo Masaharu han tenido una vida difícil con momentos trágicos. Después de los primeros años de matrimonio, la llegada de una niña portadora de una discapacidad requirió un tratamiento especial, con frecuencia el peso recaía justamente sobre el marido, quien unos años más tarde, estando lejos de la familia por motivos de trabajo, un buen día decide no volver más a casa. Resale a ese período el encuentro de Miyako con el focolar. Luego de escuchar hablar del perdón, decide escribirle una carta a su marido que no veía desde hacía mucho tiempo. Él, dándose cuenta de lo que había dejado a sus espaldas, vuelve. Un poco a la vez, ha tratado de reconstruir una relación con todos en casa, sobre todo con el hijo mayor que en esos momentos lo rechazaba. Fue durante la misa celebrada en ocasión de la muerte de Chiara Lubich que los Sakai se reconciliaron definitivamente, recordándose de lo que el sacerdote les había dicho el día del matrimonio: “Traten de que Jesús esté siempre en medio de ustedes.”
En la exposición que presenta las distintas experiencias del Movimiento, impresiona también el testimonio de una joven obstetra. Su nombre, Nozomi, quiere decir esperanza. Una futura madre, paciente especialmente problemática, ofrece a la enfermera la posibilidad de salir del anonimato por interesarse por su situación. La mujer estaba preocupada no sólo del parto, sino también del ‘después’: no soportaba a los niños y no sabía cómo habría hecho. Nozomi aprovecha distintas ocasiones para estar con ella, escuchándola e dándole ánimo. Cuando llega el momento la señora quiere que ella esté a su lado en la sala de parto. Saliendo del hospital se despide con estas palabras: “Sin ti no sé como hubiera terminado todo”.
Roberto Catalano


Nací en Argentina 5 años después de esta catástrofe; sobre nuestras mentes y almas infantiles esta calamidad estaba presente (me refiero a mis hermanos y hermanas); crecimos anoticiándonos de cada secuela que había dejado este episodio; nos dolía; nos hería. Realmente queríamos creer que esto nunca había ocurrido. Comprendo que Dios nos privilegió al hacernos participes de alguna manera del calvario de Hiroshima; las oraciones de los niños expresadas aún en el sentimiento de compasión son una oración que sube al cielo; era como si uno quisiera y desea abrazar a cada uno de los afectados. Esto es unidad; esta ha sido mi oportunidad de hacerla manifiesta.
A quei tempi io avevo solo 5 anni, ma anch’io ho vissuto con i miei genitori ed il fratellino più piccolo di tre anni e mezzo lo scappa scappa da casa per un rifugio o l’altro a MI per sfuggire ai bombardamenti.
I fischi delle bombe, i rombi degli aerei… i coprifuoco…
Ricordo anche che la radio – costruita dal mio papà – ha annunciato di questi disastri: Hiroshima e Nagasaki che poi tutti commentavano.
Sì, sento in cuore anch’io che OGGI sboccia il bellissimo “fiore della speranza” …
Mi sento poca cosa per potere dire qualcos’altro a riguardo ma non posso lasciare passare quest’occasione per dire un GRANDE GRAZIE per quanto ci raccontate qui che ci aiutati a dare significato a quello che facciamo giorno per giorno, istante dopo istante anche se è troppo piccolo in confronto, ma la convinzione profonda che niente è piccolo di ciò che è fatto per amore dove Dio ci vuole.
Grazie ai “protagonisti delle esperienze, al dono che ci fatte e anche a chi ha costruito questo Asia Tour in internet di potere seguire così da vicino e condividere tutto: il Mondo è davvero la nostra casa!
E’ vero spunta il “IL FIORE DELLA SPERANZA” e la spinta a CONDIVIDERE!!