Inmersión en el arte religioso del corazón histórico de Bangkok
Febrero de 2010
“Deja sin palabras”. “Es majestuoso”. Estos comentarios prorrumpen inmediata y espontáneamente…
…ni bien el pequeño grupo que acompaña a María Voce y Giancarlo Faletti sale del templo, y cada uno recupera los respectivos calzados. La estatua del Buda durmiente -realizada en cemento y chapada en oro- es imponente, con sus 46 metros de largo y 15 de altura. El edificio angosto que la contiene, con sus numerosas columnas, impide una visión de conjunto. Los visitantes deben forzosamente estar bien cerca de ella, y esa proximidad obligada aumenta el efecto de su grandiosidad.
Para la presidenta de los Focolares y sus más estrechos colaboradores, esta jornada está dedicada al turismo, después de una larga serie de compromisos, con una visita al corazón del patrimonio artístico e histórico de Bangkok.
El programa se desarrolla en forma relajada, bajo un cielo despejado y un sol generoso.
La capilla del Buda durmiente fue construida en 1832, y forma parte de un complejo de edificios dedicados al culto, llamado Wat Pho, en cuyo centro se encuentra el templo más antiguo y más grande de la capital tailandesa, que cobija la estatua en bronce de Buda en meditación. Un guía profesional, con veinte años de experiencia -un padre de familia, que vive la espiritualidad de la unidad- conduce el grupo. Sompoth arregló sus compromisos para tener el honor de acompañar tan ilustres huéspedes.
La siguiente etapa es el Palacio real o, mejor, una secuencia de edificios imponentes, elegantes, cuidados y refinados, protegidos por un cordón de muros largo 1900 metros. Entre ellos está el principal lugar sagrado del país, el Wat Phra Kaeo, que acoge la estatua destinataria de la máxima devoción: la del Buda de esmeralda, de intenso color verde. En realidad -como puntualiza Sompoth- la escultura, de 66 centímetros, no es de esmeraldas, sino que está formada por un único bloque de jade. La obra, que data del siglo XV, está ubicada en alto, muy lejos de los ojos del visitante, en la cumbre de un grandioso pedestal, decorado con estatuas en bronce dorado que representan a garudas, criaturas mitad hombre y mitad ave. Como se da también en otras tradiciones religiosas, para el Buda de esmeralda rige el rito del cambio de ropaje, que acontece tres veces en el correr del año.
La visita constituye una inmersión en el arte religioso tailandés y en la devoción sincera y profunda de la población. Una confirmación más, en el marco de esta estadía en el “País de los hombres libres” (este es el significado de “Tailandia”) del sentido de lo sagrado y de la búsqueda de la verdad que emergieron en cada encuentro de la presidenta con los budistas del lugar.
En la orilla del Chao Phraya, el río que atraviesa Bangkok, una embarcación angosta, larga y baja, espera a María Voce y al pequeño grupo. Mientras la barca surca velozmente el agua, las frecuentes salpicaduras mojan, refrescan y divierten a la comitiva. En el viaje, cruzan chalanas cargadas de arroz y embarcaciones turísticas. Se atraca después de haber superado el templo dedicado al Amanecer. Es tiempo de una pausa en un lugar sombreado, que cae realmente muy bien. Como la excursión que el grupo acaba de vivir.
Paolo Lòriga


Un po’ di relax fatto così ci vorrebbe un po’ ovunque…
E’ espressione di grande amore leggere il Dio Amore vissuto da Maria Voce ed il gruppetto nei confronti di tutti. Sì solo così si “costruiscono ponti” che sicuramente a Dio piace…
Non ho parole adatte per esprimere la gioia che queste notizie mi portano al cuore. Grazie a tutti. gm